11 noviembre 2009

Chantajistas de cuatro patas

De mis incursiones "hackeras" (1) me saca el ultimo post de Rebekah (en inglés), en el que da cuenta de la reaparición de su gato Murphy con distintas averías, después de andorrear solo por ahí una temporada."Tan esmirriado como una barandilla" y con una pata trasera partida.
Y me da penita.
Una de las cosas bobas de nuestros gatos es que por más guerra que den, siempre tienen una artimaña ternuresca con la que hacernos olvidar el enfado, marditos chantajistas.
Pangur se ha especializado en los maullidos lastimero-desesperados para salir al pasillo, a "revisar" las plantas de los vecinos. Si no le hago caso, se cuelga del picaporte con las cuatro patas. Ahora hay que tener siempre cerrado con llave...
¿Y qué hace cuando ve que me llevan los demonios, porque, claro, se pone a "cantar" cuando estoy comiendo/cenando o enfrascada en algo importante?
Poner la cabecita así, estirada, para que le rasque debajo de la barbilla y tumbarse patas arriba para que le amase la barriga.
¡Cómo conocen a los "rascadores nº 1" los puñeteros!

Pangu haciéndose el angelito encima de los muebles



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(1). ¿Ya habeis visto las novedades que he colocado en el blogo? Todo todito tirándome de cabeza a la piscina-HTML. Eso sí, con flotadores.
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10 noviembre 2009

La gran marcha de Dónal Cam


Pocos de los madrileños que el 16 de julio de 1618 vieron como un inglés desaforado acuchillaba a un maduro caballero que salía de misa del convento de Santo Domingo, sabían que la víctima era uno de últimos de una casta antigua y orgullosa, testigo del fin de su mundo en una lejana isla europea. 
Como mucho, se harían lenguas de que se trataba de un extranjero de alta posición, tal y como podía verse por sus ropas y las de quienes le rodeaban; o murmurarían que era habitual verle salir de la iglesia dos o tres veces al día: un caballero devoto.
Menos aún sabrían que aquel caballero que llevaba el rosario en una mano y en la otra unos guantes, había sido protagonista de uno de los hechos más conmovedores de la historia de Irlanda. 


Después de la batalla de Kinsale, a los españoles se les permitió conservar su dinero, armas y emblemas, así como obtener víveres con los que volver a España, cosa que fueron haciendo poco a poco. Pero mientras los nuestros se rendían, en otra península cerca de Kinsale un señor gaélico decidía continuar la guerra por su cuenta... y a su estilo.
Acosado por las deserciones y las banderías de los suyos, este señor fue el protagonista de una hazaña singular: la marcha durante quince días con mil de los suyos, desde el extremo sur de la isla hasta el actual condado de Leitrim, en el norte, trescientos kilómetros en pleno invierno.


Estamos hablando de Donal Cam Ó Sullivan Beara (1561-1618), en España Conde de Berehaven y Caballero de Santiago.

Beara la península al extremo suroeste de Irlanda, era territorio de dos ramas de los Ó Sullivan y de otras familias relacionadas con ellos. Poseían los castillos de Berehaven y Dunboy (de O'Sullivan Beare), Castlehaven y Baltimore (de O'Driscoll, su pariente), entre otros. Se trataba de un señorío menor, aunque a partir de las "rebeliones de Desmond" empezaron a destacar en Munster. Durante la guerra de los Nueve Años, los O'Sullivan no estaban claramente al lado de los sublevados, pero cuando éstos tomaron camino de Munster para recibir a los españoles, Donal Cam, señor de Berehaven y Dunboy, ya se les había adelantado al firmar una carta para Felipe III en la que pedía ayuda al Rey de España y se ponía bajo su protección.

Después de lo de Kinsale, chasqueado por la rendición española que implicaba la pérdida de sus propios castillos, Donal Cam pertrechó el de Dunboy con unos 140 defensores y con la artillería que dejaron los españoles. Luego, se refugió en el área boscosa de Glengarriff, mientras esperaba un nuevo socorro que nunca llegó. 
Según parece, en mayo de 1602 se envió una pequeña ayuda enviada a través del Conde de Caracena, gobernador de Galicia: un barco con dinero, armamento y munición que zarpó de La Coruña el 24 de dicho mes. Nunca más se supo.
Cosa curiosa: la carta en la que se manda a Caracena preparar dicha ayuda está dada en Aranjuez el 16 de mayo, según muestra Oscar Recio Morales en su libro sobre el Socorro de Irlanda.


O'Sullivan obtuvo algunas victorias contra sus enemigos por medio de una dura guerrilla en la retaguardia. Recuperó fortalezas que habían sido ocupadas por los ingleses o por sus aliados, entre ellos su primo Owen O'Sullivan con el que estaba enemistado por causa de la jefatura familiar. 
Mientras tanto, su castillo de Dunboy sufrió un terrible sitio del 5 al 18 de junio, tras el cual los defensores fueron torturados y ejecutados in situ. Una masacre de hombres, mujeres y niños en la cercana Dursey Island siguió a la toma del castillo.
En diciembre de 1602 los ingleses se hicieron con todo el ganado de la partida de Ó Sullivan, unas 6000 reses entre vacas y ovejas. Esto fue el detonador de la larga marcha desde Glengarrif hasta el Bréifne. 


El objetivo era reunirse con su aliado O'Rourke y por supuesto, engrosar el ejército de O'Neill que había regresado a sus "cuarteles" en los bosques de Glenconkeine.
Los acompañantes de Ó Sullivan, entre hombres de armas, mujeres, niños y siervos, llegaban hasta mil. Pocos de ellos sobrevivirían a la terrible marcha.
Además de que era invierno (salieron el 31 de Diciembre), con lo que la humedad y el frío se cobraron su tributo, tanto los ingleses persiguiéndoles como los aliados irlandeses de éstos acosándoles e impidiéndoles entrar en sus territorios, descansar o hacerse con víveres, causaron tantas bajas como las propias penalidades de la marcha.
Hubo también durísimos encuentros con el enemigo. Felipe Ó Sullivan Beara, su sobrino, lo cuenta con orgulloso detalle en su libro, incluso cuando la exageración se detecta en sus palabras:

Cuando llegaron a un lugar llamado Aughrim, Henry Malby, un Inglés, Thomas Burke, el hermano del Conde de Clanrickarde, y Richard Burke, con cinco compañías de a pie y dos tropas de a caballo y una banda de nativos, vinieron contra él. El relinchar de sus caballos, el brillo de sus espléndidas armaduras, el bramido de sus trompetas, el sonido de sus gaitas, el golpeteo de sus tambores, todos anticipando alegre y orgullosamente la victoria, desalentaban a la pequeña banda de Católicos y causaban terror en sus almas.



A pesar de la tremenda visión que describe, la banda se las arregló para vencer a este ejército y escapar a marchas forzadas: 
O'Sullivan, para evitar el golpe de la caballería enemiga, llevó a su columna hacia un bosquete cercano, a través de un terreno turboso y blando. Los jinetes realistas desmontaron y se unieron a los piqueros, para intentar llegar antes que O'Sullivan al bosquecillo.
Habiendo perdido catorce tiradores [que intentaban contrarrestar a los mosqueteros enemigos], de pronto O'Sullivan volvió su tropa -que se encontraba a un tiro de flecha- contra la columna enemiga. Esta repentina vuelta aterrorizó a los realistas (...) Enseguida, las vanguardias de ambas partes empezaron a luchar a espada desnuda y con las lanzas tendidas. El primero de todos, el capitán Maurice O'Sullivan, se enfrentó a Richard Burke, pero antes de que alcanzara suelo firme, fue golpeado y derribado por Richard, que estaba de pie en suelo seco. A pesar de todo, no fue herido ya que estaba protegido con su cota de mall. Donogh O'Hinguerdel dio a Richard un golpe de sable que le cortó la mano derecha, cuando estaba a punto de dar un segundo golpe de pica; Maurice, entonces, se levantó rapidamente y lo atravesó con su lanza. Hugh O'Flynn lo acabó con su espada cuando ya estaba caído y medio muerto.

Otras veces, el encuentro era tan violento que no había tiempo de enterrar a los muertos o de recoger a los heridos, y debían continuar, moviéndose de noche o al amanecer, con largas caminatas de más de 30 ó 40 km.
Espoleados por el hambre, los seguidores de Ó Sullivan eran capaces de cualquier cosa. Así, tomaron al asalto la fortificación de Donohill (Dún Eochaill, ¿Tipperary?) para hacerse con toda la comida que allí se encontraba: loz primeros que llegaron se comieron cualquier cosa que vieran preparada, el resto devoró la harina, las judías secas y la cebada "como si fueran animales", dice Don Felipe. Y cuenta también que

La lluvia caía sobre ellos de tal manera que apenas eran capaces de soportar el peso de sus ropas empapadas. Agotados, se hundían en la nieve y en los barrancos y, cuando intentaban tirar unos de otros, más bien eran arrastrados por sus compañeros que éstos sacados por ellos.

Muchos de los escapados se iban quedando en los territorios por los que pasaban, ya sea por estar demasiado enfermos para continuar o, simplemente, porque desertaban ante las terribles condiciones que imponía la marcha. Varias veces tuvieron que caminar de noche para escapar de un ataque, o dar un rodeo para evitar un encuentro directo con el enemigo.

El hambre y la enfermedad se cebaron en ellos, sobre todo en los más débiles, aunque Felipe O'Sullivan declara:

Me asombra que Dermot O'Sullivan, mi padre, un anciano de casi setenta años, y las mujeres de delicada naturaleza, fueran capaces de pasar tales calamidades que jóvenes en la flor de la edad y el culmen de su fuerza fueron incapaces de soportar.

Apenas 16 hombres de armas y muy pocos de los demás llegaron a su destino: solamente 35 de los mil originales. Mujeres, en realidad, solo una sobrevivió: precisamente la esposa de Dermot Ó Sullivan. Una vez acogidos por los O'Rourke se enteraron de que Ó Neill se había rendido y firmado el tratado de Mellifont. Descorazonados, debieron buscar el perdón de los ingleses en el contexto de la política de "surrender and regrant", pero la carta a Felipe III con su firma -que había sido interceptada por el enemigo- disuadió a Dónal Cam de intentarlo e inició viaje hacia España..

Sus hijos Daniel (Dónal) y Dermot y los primos de éstos, uno de ellos Felipe (que después sería el historiador), ya estaban en Galicia, alojados con otros jóvenes nobles irlandeses en casa del Conde de Caracena, quien corría con todos los gastos.



 
O'Sullivan fue engrandecido con honores por el rey Felipe III, que le otorgó el título de Conde de Berehaven y le concedió una pensión de por vida. Además, consiguió avales para ser nombrado caballero de Santiago -y con el emblema de la Orden además de una rica armadura, se hizo el retrato que hemos puesto arriba. 
El y su hermano Dermot así como los hijos de los dos, formaron parte de una activa red de irlandeses que abogaron por la intervención militar de España en Irlanda, a la que se oponían incluso muchos compatriotas -de éllos y nuestros-, pues el exilio irlandés en España reflejaba las mismas divisiones entre gaélicos y Old English que en la isla.

Su hijo mayor, Daniel (Dónal) fue nombrado caballero de la Orden cuando solo tenía 10 años, en 1607, y fue militar en Flandes "con 30 escudos de mantenimiento". Parece ser que murió de forma accidental y por eso el hijo más joven -Dermot- heredó el título condal de su padre y llegó a alcanzar el cargo de Mayordomo Mayor de Palacio en la Corte de Felipe IV, entre otras dignidades.




Dermot O'Sullivan, co-protagonista de la marcha y padre del historiador, vivió una larguísima vida en España, alcanzó la edad de 100 años y fue enterrado en la Coruña, igual que su esposa. Sin embargo, su línea de descendientes se agotó, ya que la última hija que le quedaba viva fue monja; como el propio Felipe narra, su hermano había muerto combatiendo por España en la Armada y otra hermana murió en la mar en un viaje a Irlanda. 


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ILUSTRACIONES: Fragmento de "Caballero con guantes", de Lorenzo Lotto (Venecia, 1480-1556).
Retrato anónimo de Dónal Cam O'Sullivan Beare; escuela española.
Cróquis simplificado de la marcha de O'Sullivan por Irlanda.

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09 noviembre 2009

Sumarísimo

Amigos lectores: ya veis que le he dado un aspecto algo distinto al blog, condensando las entradas en forma de sumarios.
He sacado el truco del gran Oloblogger y me gusta el resultado, sobre todo porque, como ya habreis visto, soy prolija en algunos posts.
El que vendrá a continuación es también larguito y creo que así, resumiendo, facilito la vista, la consulta y la lectura. Ya me diréis.
Por si no lo habéis visto, también tengo una flechita de "ir arriba" a mano derecha según se baja... tiene fondo azul y de momento sirve para dar un brinco al inicio de la página. Me quedan por poner algunos cachivachitos para mejorar el aspecto y lo que los entendidos llaman "usabilidad" de éste, mi querido blog.
Que espero siga siendo el vuestro.
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06 noviembre 2009

Sí hay camino al andar


El hombre es peregrino desde sus orígenes.
Ya fue bastante marcha la que hicimos como especie, cómo unas cuantas familias poco a poco, salieron desde África hasta los confines, poblando la tierra, arrinconando a otros que estaban antes o ¿quién sabe...? hasta quedar los únicos humanos sobre la esfera.
Por eso caminar grandes distancias está en nuestros genes. Nos corre por la sangre. Y por las lágrimas, porque la mayor parte de estos senderos son terribles.
Parece ser que durante su marcha hacia Asia y Australia, los homo sapiens se vieron sorprendidos por una catástrofe natural que estuvo a punto de acabar con aquel puñadito de pioneros y con el resto de los humanos actuales que poblaban la tierra. Los que estaban todavía en África no se enteraron, apenas vieron que el sol era más débil y que faltaba qué comer. Porque también en otras partes los rebañitos de nuestros antepasados se estaban moviendo...
Dicen quienes saben que toda la Humanidad sobre la tierra quedaría reducida a unas cuantas parejas, de las que procedemos todos los que hoy caminamos a dos patas por estos andurriales.
Ahora estoy escribiendo sobre una de las marchas más patéticas de la Historia de Europa: la de Dónal Cam y sus mil compañeros, 400 km. en quince días de pleno invierno. Solo 35 llegaron a su destino.
Pienso en los gitanos, "andorreros" incansables; en los judíos y sobre todo en los sefardíes, expulsados de sus tierras -las mísmas que son nuestras- y marchando a Portugal, a Inglaterra, a Holanda, a Salónica...
«E ivan por los caminos e canpos con muchos trabajos e fortuna, unos cayendo, otros levantando, unos muriendo, otros nasciendo, otros enfermando que no avía cristiano que no oviese dolor dellos»
Los más bravos de los cherokis que fueron deportados por el Indian Removal Act de 1836 no quisieron ir en los carros que puso a su disposición el ejército norteameicano. A pie, desnudos y enfermos recorrieron sus viejas trochas, pero esta vez no buscaban caza: ellos eran la presa.
Los judíos que fueron a Auschwitz no pudieron negarse a subir en los carros del gobierno.

¿Por qué el caminar, el andar tercamente con o sin destino conocido, en grupo, en familia nos remueve tanto el espíritu? ¿porque nos reconcilia con nuestros orígenes africanos?
¿O porque nos recuerda que estamos apenas salidos del mismo estado animal que expertos migradores como el caribú, el salmón o la ballena?

Pero no, al contrario que las de éstos, nuestras migraciones son siempre peregrinaciones.
Porque al llegar, ya no somos lo que éramos antes de iniciar la marcha.




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02 noviembre 2009

Cacharrines

He colocado un botón para que me votéis las entradas en bitacoras.com.
Espero que funcione, que de momento me tiene mosca. Y tendré que darle gracias a este señor por dar tan interesantes consejos para los pánfilos que queremos poner cositas apañás en nuestros blogs pero no tenemos ni puñetera idea de cómo hacer esas cosas.
El botoncillo está al final de cada entrada, ese recuadrito gris con el símbolo de bitacoras.com.
De ná.
ahora voy con lo de recortar entradas... cruzo los dedos de los pies.

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